miércoles, 30 de septiembre de 2009

Bienvenidos a la Ciudad de México

Bienvenidos a la Ciudad de México, la ciudad donde uno siempre puede comprarse algo nuevo, vivir como computadora, estatua o humano, yo prefiero el ultimo. Esta ciudad que por las mañanas no existe para mi como para otros muchos, es una ciudad que se vive de tarde, cuando el viento sopla desde Ecatepec trayendo consigo mierda y trabajadores, el viento llega a Chapultepec, cerro coronado por un castillo que a muchos recuerda mucho más que una patria(desde la oficina hasta el amor).


Cuentan los esclavos que durante las mañanas la ciudad es otra, que todos corren de un lado a otro y que en pocos años me veré asi, despertando temprano, entrando a la tierra para deslizarme en naranja a una oficina “en el mejor de los casos”, ¿acaso dios es malo con quienes viven bajo vidrio o asbesto(¿de qué es el techo de las fabricas?)?, es algo que espero no descubrir, pues pretendo vivir siempre de tarde, andando por el subsuelo, de San Juan de letrán a Bellas artes, tomando pulque en la risa y descubriendo las veinte millones de locuras que a diario duermen y cagan en edificios hundidos.

Aquí conviven los latifundistas al poniente, sobre cerros con Tlatelolcos modernos, El obrero, mis amigos y yo, en el norte, en una gran planicie que no es la ciudad cuando de ella bien se quiere hablar, pero que siempre esta ahí afrontando las carencias y problemas de ella, los mudos edificios del centro que han visto tanto que si nos contarán nos quedaríamos sordos, tal y como es pasar por Zona Rosa un viernes, muy cerca del Paseo de la Reforma donde propios y extraños se deleitan con su belleza, en la llamada Champs Elysses mexicana, donde los corporativos extranjeros dominan las banquetas y el panorama aéreo. El sur donde existe una ciudad salida de una fantasía, estrechas calles por donde andan autos costosos, la ciudad universitaria “el cerebro de la ciudad” coronada por el bello Ajusco, del oriente mejor no hablar. Pocos en el mundo tienen la ventaja de poder perderse en millones de calles con mil aires, o subir la mirada contemplar las montañas mientras detrás un corro de jóvenes proclama libertad.


¡Que viva la gran Ciudad de México!

lunes, 27 de julio de 2009

Pobre Diablo....

Fernando caminaba sobre puente de Alvarado, entre Sta María la ribera y San rafael.

Era ya de noche, y la lluvía que había caído pintaba de plata el asfalto de esta calle. La luna cubría su cabeza con lechosa luz blanca. Fernando pensaba, y pensaba, y no dejaba de darle vueltas a cierto asunto muy importante. Su mujer había quedado embarazada.

Andando por estas calles, tropezó con un buen cristiano que, a punta de pistola, le robó los últimos centavos que poseía. Aquel cañón de bolsillo que relucía a la luz de la luna de octubre fué suficiente incentivo para que Fernando soltara el dinero que había destinado a cierto gorro tejido que compraría para su hijo. ¿qué haría él con un niño y una esposa a los 17 años?

Las estrellas se escondían tras los velos de las nubes a ratos, como temerosas de interrumpir sus cavilaciones. A lo lejos, un perro entonaba cierta cancioncilla triste, que algunos ignorantes llaman aullidos, a aquella siempre sonriente luna que se alzaba en el cenit. Fernando seguía pensando.

Cruzó frente a su antigua escuela, ya a la altura de San Cosme. La célebre Secundaria 4 Moisés Sáenz Garza. Cuántas cosas no había vivido entre sus cuatro paredes caray.

Fué ahí donde conoció a Rebeca, la mujer que ahora llevaba a su bebé en las entrañas. La descubrió como se descubre un blanco lirio entre la fangosa ribera de una laguna. Inmediatamente quedó prendado de sus morenas carnes, sus fogosos ojos y sus siempre sucias manos. Callosas, como calles mal empedradas de tanto lavar ropa.

Con el tiempo, había llegado incluso a reconocer su paso al bajar las escaleras, sonaba como una pelotita de esponja rebotando por los escalones.

Después de una breve pausa, continuó su camino. ¡Si hubiese terminado tan sólo la secundaria! pero no, la abandonó, quizás por flojera, o por desidia, quizás de verdad no estaba hecho para la escuela, como le dijera su padre en sus momentos de mayor lucidez, o sea, cuando se encontraba padeciendo la resaca de su borrachera habitual, con una caguama pegada a su mano como se pega a la roca el coral.

Los felices días de la secundaria parecían tan lejanos. Esos felices días cuando sonaba en su oído el dulce sonido del rozar de la falda de Rebeca. Había tenido sexo con muchas mujeres, cierto, pero nunca encontró una potra que fuera tan dulce al montar como su amada Rebeca, que tenía la piel tan lisa que parecía que sus dedos se deslizaban por la nácar de una perla. Y qué dientes ¡Dios mío!

Siguiendo su camino se encontró frente a la escuela de quien fuera su más grande enemigo. Roberto, su primo, el más querido de la familia, el consentido, aquél que no perdía oportunidad de provocarlo, recibir un golpe o dos y acusar a Fernando con sus padres, por que el pérfido de Roberto, prefería recibir un puñetazo en la cara que perderse el dulce espectáculo de Fernando Siendo molido a golpes por su Sempiternamente ebrio padre.

La tristeza de Fernando llegaba a su límite, la luna inundó de argentíferos reflejos una gota salada que escurría del rabillo del ojo del futuro padre.

Sacó de entre sus ropas, una pequeña ánfora con licor barato, y bebió un trago largo. Aún no sabía que iba a hacer con un hijo y una esposa. No podría sobrevivir siempre con trabajos eventuales, y sin una carrera, ni siquiera la secundaria. Definitivamente la calentura no era la mejor consejera. Pero no, no fué calentura, fué amor real. Amor del bueno. Así lo sintió el día que hizo suya a Rebeca, y así siguió sintiéndolo cuando le confesó que tenía dos meses de embarazo, y así lo sentí ahora que había pasado un mes desde aquella confesión.

Se había armado la gorda en su casa.

La noticia la había dado en la mesa, con su madre, antes de que su padre regresara de su habitual parranda. Los hermanos de Fernando se quedaron sorprendidos, y su madre dejó caer la olla con los frijoles, dejando escapar ésta un sordo grito con eco metálico.

Después, el silencio interrumpido sólo por el silbido de una bofetada que cruzó la cara a Fernando. Después, nada. Sólo los llantos de su madre en la habitación que a veces compartía con su padre. Llorando emitía sonidos muy similares a los lamentos de un gatito herido.

Y lo peor fué al llegar su padre. Primero se había puesto contento, casi orgulloso de su hijo, pero un resto de lucidez brilló en sus ojos y molió a golpes a su hijo, oblligándolo a abandonar la casa sin nada más que una camisa.

Desde entonces Fernando había dormido dos noches en la alameda, pues era demasiado delicado como para pedir asilo en casa de Rebeca.

Continuó su paseo, con rumbo al departamento de su amada, para darle la noticia de que ya no vivía más con sus padres y que no podrían contar con su apoyo, cruzó el circuito interior por un puente peatonal, entre la calzada y marina Nal.

Sólo algunos carros circulaban aún a esas horas por la calle, a pesar de nos er muy tarde. Alguna rata salía de su escondrijo en busca de algún mendrugo de pan, chillando algun viejo estribillo que acostumbraran cantar los castellanos que las trajeron a estas tierras escondidas en sus barcos.

Por fin llegó a la calle donde vivía su amada Rebeca, y la luna, como presintiendo la tempestad, se ocultó avergonzada atrás de una nube. A lo lejos pudo ver a su Querida Rebeca, arrodillada en plena calle frente a un hombre, Jesús, su exnovio, aquél que ella había jurado no volvió a ver nunca después de que cortaran. Rebeca estaba tan entretenida con la felación que hacía, y jesús tan extasiado, que nisiquiera notaron a lo lejos la presencia de Fernando. Quien se acercó un poco más para desengañarse, con la esperanza de ver que no era su futura mujer aquella que se rebajaba de tal modo ante un hombre que le haía hecho tanto daño.

Después de un rato, ella se levantó, aún escurriendo lefa de sus hermosos labios, y le dijo a Jesús, que si Fernando no se pudiera hacer cargo del bebé, tendría que ser él, el verdadero padre, quien buscara una solución a este problema, ya que ella no pnesaba trabajar para mantener al niño, por que tenía planeado seguir con sus estudios.

Fernando no pudo más, y se marchó por donde vino. Sólo se oyó el doble ruido de su corazón y su anforilla de ron al romperse, una contra el suelo, otro con las palabras de Rebeca.

Caminó unos cientos de pasos en el sentido opuesto y subió de nuevo al puente peatonal, listo para volver a dormir en su fría banca de la alameda. en ese momento la luna, pensando que el drama había finalizado, se asomó por entre las nubes, sólo para descubrir un espectáculo horrendo.

Bajo el puente peatonal, yacía fernando, con la cabeza rota, una fractura expuesta en el brazo y los ojos abiertos, muerto, con un par de personas a su alrededor y un automovilista, que lo había arrollado, sentado junto al cadáver, blanco del miedo.

A lo lejos, Jesús, que regresaba a su casa después de haber recibido los favores de rebeca, vió el espectáculo, pero sin reconocer en el muerto a su antiguo compañero de escuela, y sólo se limitó a decir unas palabras tan frías que hicieron estremecerse a las ratas que paseaban fuera de las alcantarillas, aunque no así con la gente que veía el espectáculo.

"pobre Diablo, seguro era un vil pendejo"

domingo, 12 de julio de 2009

transporte publico, muchas gracias.

Eran las diez de la mañana y estaba sola en casa, entonces fue cuando sonó el teléfono y como de costumbre conteste-bueno, por favor con la señorita María García- dijo una voz femenina como las clásicas vendedoras- soy yo, ¿qué demonios me va a vender o por quién quiere que vote?- dije en tono sarcástico y muy burlón a lo que la mujer contesto-señorita le ruego que se calme, le hablo de Cruz roja de Polanco, parece que tenemos a un familiar de usted acá internado, se encuentra delicada y fue recogida de un accidente en el metrobús, usted debe venir -dijo severa la mujer, me sorprendió tal noticia y no pude decir nada más -si, disculpe ahora estoy haya- tome mi bolsa y salí corriendo.

Al salir de mi casa camine hasta el Periférico para tomar la combi que me llevaría al metro cuatro caminos, el tráfico como siempre, solo ayudaba a aumentar a mis ansías mi madre había salido a penas unas cuatro horas a su trabajo, y ahora estaba debatiéndose entre la vida y la muerte. El transito avanzaba poco y el reloj marcaba ya cercanas las once del día, el conductor del combi traía la Z a todo volumen, en un corte informativo el locutor hablo sobre un accidente en la estación Reforma del metrobús, menciono que el accidente causado por el choque de un autobús con un auto que era manejado por un adolescente en estado de ebriedad que invadió el carril exclusivo, había cobrado ya 15 victimas mortales mientras otras 40 se definían entre la vida y la muerte, el adolescente ebrio había huido. La noticia me mato aun más, no podía dejar de imaginar el cuerpo frio de mi madre tendido sobre una vieja camilla de hospital cubierta con una sabana ensangrentada. El tráfico seguía sin avanzar, sin embargo los espectaculares que adornan el metro cuatro caminos ya me eran visibles.

Finalmente tras una hora treinta y cinco minutos llegue al metro, estaba deshecha y no paraba de llorar. Al bajar las escaleras me resbale con una que ya estaba deforme, caí y me lastima el colón, no sentí dolor alguno, me levante en cuanto pude y continúe mi camino. Cuando llego el tren no me percate y un señor me empujo al interior del vagón. No sentí el tiempo, ni se como llegue pero finalmente estaba ahí. Al entrar a la cruz roja de Polanco y pedir informes de la señora Catalina García me informaron que había fallecido hacia mas de tres horas.

nocturno.... supongo....

por: Juan Ulises Gazapo Juárez


Deja que me asome
al incesante cielo de tus ojos
al azul profundo de tu frente,
razón de mis sonrojos
y descanso de mi muerte.

Tú, que eres de todos,
de todos, menos mío,
tú que guardas en tus ojos
impasible y frío
la despiadada piedad,
la lástima por mi secreto
y la soledad de mi hastío.

Déjame morir en tus labios,
tus labios donde he nacido
y dejame refugiar de la muerte
en la cuenca de tu ombligo

Y luego, cuando yazca inerte
y amanezca el lecho vacío
corre tras alguien
que sea capaz de quitarte el frío


pero no me abandones
en estas noches que me abraso
en las llamas del castigo
de no dormir entre tus brazos.

viernes, 10 de julio de 2009

De indios y gitanos

Por: Juan Ulises Gazapo Juárez


Color verde, blanco y rojo
por sus parcelas andaba
tostándose al sol su piel
un indio patarrajada.

Muy dócil, a diferencia
de los gitanos de España.
De ojos cafés, piel canela
con brazos de dura caña.

Muy fuerte y desnutrido
laborioso y de ancha espalda.
Muy sano, y siempre enfermo
porque todo el día trabaja.

Tequilero de pura cepa
cristiano de curandero
idólatra de piedras
con alma de argüendero.

Es éste el indio
que vive en nuestros valles
vestigio del pasado,
hombres de pura sangre.

miércoles, 8 de julio de 2009

Ecatepec, ciudad de tradiciones

por: Juan Ulises Gazapo Juárez

Ustedes discúlpenme, estimados lectores, por mi aparente irresponsabilidad.

Ayer debí haber escrito una crónica acerca de algún lugar pintoresco y bonito y lleno de tradición de la ciudad, y había escogido hablar de Ciudad Universitaria, al sur de la capital, hogar de la máxima casa de estudios de la nación.

Sin embargo, como buen mexicano, no fué culpa mía no poder publicarlo ayer. Sé que suena a pretexto, pero es realidad, y sé que no hago más que alimentar el estereotipo del mexicano huevón pero... clin clin!!! tengo una noticia para ustedes. ¡No me importa si no me creen!

Ayer, ya casi al terminar mi crónica, el servicio eléctrico se vió interrumpido en mi casa, y mi computadora simplemente se apagó. Al reanudarse, tres horas después, toda la información con la que estaba trabajando se perdió.

Así, ante la imposibilidad de recordar loq ue ya había escrito, comencé a buscar un nuevo lugar acerca del cual escribir, mientras en silencio maldecía al ayuntamiento de ecatepec.

Así, mi mente se iluminó, y decidí hablar de Ecatepec, el municipio más poblado del país, y uno de los más hermosos; después de todo ¿que lugar con mayor tradición que éste? digo, tradición priísta, es cierto, pero tradición al fin y al cabo. Pero el apego al pasado de los ecatepenses, va más allá de conservar a los mismos dinosaurios de siempre en el poder. Amamos tanto las cosas con las que crecimos, que ni siquiera somos capaces de cambiar el asfaltado, por el dolor de deshacernos de aquellos baches con los cuales crecimos y que recordamos como la palma de nuestra mano. Estamos tan apegados a nuestro origen humilde y carente de comodidades, que las calles sin encarpetado son, no sólo hermosas, sino nostálgicas y nos evocan tan buenos recuerdos que nos da pena tener que pavimentarlas.

La tradición va más allá, e incluso los edificios (que rara vez exceden los dos o tres pisos) y las casas, no importando que tan viejas estén, son conservadas contra todo intento de remodelación, e incluso contra el mismo sentido común.

¡Pero que cosa más histórica que los sistemas de agua! llenos de anecdotas, testimonio vivo de la modernización y urbanización de la zona, auténticas reliquias que debemos conservar intactas, y tan intactas están que ni siquiera para repararlas son tocadas. Incluso algunas dependencias no propiamente ecatepenses están tan concientes de nuestro amor por los vestigios arqueológicos (que las autoridades aún se atreven a llamar "infraestructura para los servicios públicos") que incluso empresas como Luz y Fuerza respetan nuestra costumbre de no modernización y no meten mano en el alumbrado público y el cableado ni en defensa propia.

Quizás este apego tenga algo que ver con la fuerte influencia católica que impera en la archidiócesis más nueva del país. En cada esquina podemos ver pseudoaltares mal hechos dedicados a alguna virgen, por lo general la de guadalupe, o algunos santos, por lo general san chacal, perdón, san judas tadeo.

Las ferias de las diferentes iglesias invaden las avenidas principales de las colonias más pobres, y cada doce de diciembre nos deleitan el oído con las mañanitas cantadas a una virgen en el camellón, no importando que al día siguiente sea día habil, pues dios quiere más alabanzas gratuitas y sin sentido que el trabajo honrado.

Éste es mi ecatepec, mi cerro del viento, mi amado municipio, que colinda con el distrito federal y al cual llega buena porción de la línea b del metro, cumbre de la urbanización del estado, vagones naranjas invadidos de homosexuales que se relacionan íntimamente tras sus puertas. Ciudad de tradiciones antiquísimas, tanto como su sistema de alumbrado o drenaje. ¡AH! ecatepec, eres como una perla, una deforme e impura perla que engalana la corona del estado donde, los que nacen ahí, son doblemente mexicanos.

martes, 7 de julio de 2009

Hola pibes, hoy era un dia de poesia, pero yo soy una porqueria escribiendo poesia, no conozco la metrica, la melodia ni esos lastres de tal mundo, asi que les pondré uno de los poemas que mejor recuerdos me trae, Aparición urbana, de Oliverio Girondo.

¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
herido,
malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
todo, todo desnudo,
casi azul, de tan blanco.

Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.

indi

Por Cronopio Tranvia