por: Juan Ulises Gazapo Juárez
Ustedes discúlpenme, estimados lectores, por mi aparente irresponsabilidad.
Ayer debí haber escrito una crónica acerca de algún lugar pintoresco y bonito y lleno de tradición de la ciudad, y había escogido hablar de Ciudad Universitaria, al sur de la capital, hogar de la máxima casa de estudios de la nación.
Sin embargo, como buen mexicano, no fué culpa mía no poder publicarlo ayer. Sé que suena a pretexto, pero es realidad, y sé que no hago más que alimentar el estereotipo del mexicano huevón pero... clin clin!!! tengo una noticia para ustedes. ¡No me importa si no me creen!
Ayer, ya casi al terminar mi crónica, el servicio eléctrico se vió interrumpido en mi casa, y mi computadora simplemente se apagó. Al reanudarse, tres horas después, toda la información con la que estaba trabajando se perdió.
Así, ante la imposibilidad de recordar loq ue ya había escrito, comencé a buscar un nuevo lugar acerca del cual escribir, mientras en silencio maldecía al ayuntamiento de ecatepec.
Así, mi mente se iluminó, y decidí hablar de Ecatepec, el municipio más poblado del país, y uno de los más hermosos; después de todo ¿que lugar con mayor tradición que éste? digo, tradición priísta, es cierto, pero tradición al fin y al cabo. Pero el apego al pasado de los ecatepenses, va más allá de conservar a los mismos dinosaurios de siempre en el poder. Amamos tanto las cosas con las que crecimos, que ni siquiera somos capaces de cambiar el asfaltado, por el dolor de deshacernos de aquellos baches con los cuales crecimos y que recordamos como la palma de nuestra mano. Estamos tan apegados a nuestro origen humilde y carente de comodidades, que las calles sin encarpetado son, no sólo hermosas, sino nostálgicas y nos evocan tan buenos recuerdos que nos da pena tener que pavimentarlas.
La tradición va más allá, e incluso los edificios (que rara vez exceden los dos o tres pisos) y las casas, no importando que tan viejas estén, son conservadas contra todo intento de remodelación, e incluso contra el mismo sentido común.
¡Pero que cosa más histórica que los sistemas de agua! llenos de anecdotas, testimonio vivo de la modernización y urbanización de la zona, auténticas reliquias que debemos conservar intactas, y tan intactas están que ni siquiera para repararlas son tocadas. Incluso algunas dependencias no propiamente ecatepenses están tan concientes de nuestro amor por los vestigios arqueológicos (que las autoridades aún se atreven a llamar "infraestructura para los servicios públicos") que incluso empresas como Luz y Fuerza respetan nuestra costumbre de no modernización y no meten mano en el alumbrado público y el cableado ni en defensa propia.
Quizás este apego tenga algo que ver con la fuerte influencia católica que impera en la archidiócesis más nueva del país. En cada esquina podemos ver pseudoaltares mal hechos dedicados a alguna virgen, por lo general la de guadalupe, o algunos santos, por lo general san chacal, perdón, san judas tadeo.
Las ferias de las diferentes iglesias invaden las avenidas principales de las colonias más pobres, y cada doce de diciembre nos deleitan el oído con las mañanitas cantadas a una virgen en el camellón, no importando que al día siguiente sea día habil, pues dios quiere más alabanzas gratuitas y sin sentido que el trabajo honrado.
Éste es mi ecatepec, mi cerro del viento, mi amado municipio, que colinda con el distrito federal y al cual llega buena porción de la línea b del metro, cumbre de la urbanización del estado, vagones naranjas invadidos de homosexuales que se relacionan íntimamente tras sus puertas. Ciudad de tradiciones antiquísimas, tanto como su sistema de alumbrado o drenaje. ¡AH! ecatepec, eres como una perla, una deforme e impura perla que engalana la corona del estado donde, los que nacen ahí, son doblemente mexicanos.
miércoles, 8 de julio de 2009
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Ecatepec, sin duda una de las zonas mas simpaticas de esta ciudad..
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