domingo, 5 de julio de 2009

Tlatelolco, un cementerio de sueños.

Un lugar de recuerdos, como ningún otro, un agitado mercado, una aduana de pulque y un convento, y la fabulosa unidad habitacional, todo en ruinas, diversos momentos de la vida del país y la ciudad pueden resumirse en Tlatelolco. El esplendoroso pasado prehispánico cuando era un importante mercado, sus ruinas se encuentran en la famosa plaza de las tres culturas, justo debajo de la iglesia de Santiago Tlatelolco, un simbolismo muy interesante, la cultura europea llego y aplasto, se impuso, pero sin embargo el indígena sigue ahí, debajo de nosotros, sin redimirse, apenas descubierto. Y alrededor edificios modernistas, vestigios del milagro mexicano, de aquel país que anhelo mejorar sus condiciones de vida y ponerse en el plano mundial, el país petrolero, la ciudad el futuro, de esos sueños queda un país destrozado y desmoralizado que se hunde en crisis económica, olas de violencia, gobiernos y ciudadanos irresponsables, ahora Tlatelolco victima de sismos, descuidos y represiones luce sucio y descuidado.

Momentos trágicos ha observado el suelo tlatelolca, de la vida de la gente común y de la historia, la trágica caída del imperio azteca con la batalla de Tlatelolco el 13 de agosto de 1521 significo el inicio de la época colonial. Pasaron muchos años y fue testigo silencioso. En terrenos baldíos fue donde el arquitecto Mario Pani Darqui proyecto una unidad habitacional, basada en la corriente en boga, el modernismo. Y el resultado fue una increíble unidad habitacional totalmente peatonal basada en la súper manzana de le corbusier, financiada por el gobierno federal y con la maravillosa idea de acabar con los cinturones de miseria de esta ciudad que a lo largo del tiempo ha crecido sin control generando el caos tan característico, el sueño tuvo un final, la falta de financiamiento y el alto costo de la construcción de la unidad hiso que los beneficiarios de su construcción, la burguesía se apodero de ella, acabando con el sueño y evitando cumplir el acometido.

Llego el movimiento de 1968 y poco hay que decir de la actitud de represión del gobierno, un masivo asesinato hoy en día impune, solo las ruinas saben lo que ahí ocurrió, lo que puedo asegurar es que un sueño murió. Más tarde y para continuar con la decadencia del lugar, el fatídico sismo ocurrido la mañana de un 19 de septiembre de 1985 derrumbo uno de los edificios que constituían la unidad, el edificio Nuevo León, además del fuerte daño que sufrieron otros catorce edificios, y el miedo que este tipo de construcciones que genero esta tragedia, un sueño mas murió.

Tlatelolco seguirá siendo un lugar importante en la vida de los capitalinos, un reflejo de la sociedad misma, un cementerio de sueños, donde descansan anhelos populares, los recuerdos de el amor que no prospero y que parecía seria eterno.


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1 comentario:

  1. Interesante, lástima por el sueño de la modernidad que se perdió en el mar de descuido que caracteriza al país. El final novelesco es lo mejor.

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