Eran las diez de la mañana y estaba sola en casa, entonces fue cuando sonó el teléfono y como de costumbre conteste-bueno, por favor con la señorita María García- dijo una voz femenina como las clásicas vendedoras- soy yo, ¿qué demonios me va a vender o por quién quiere que vote?- dije en tono sarcástico y muy burlón a lo que la mujer contesto-señorita le ruego que se calme, le hablo de Cruz roja de Polanco, parece que tenemos a un familiar de usted acá internado, se encuentra delicada y fue recogida de un accidente en el metrobús, usted debe venir -dijo severa la mujer, me sorprendió tal noticia y no pude decir nada más -si, disculpe ahora estoy haya- tome mi bolsa y salí corriendo.
Al salir de mi casa camine hasta el Periférico para tomar la combi que me llevaría al metro cuatro caminos, el tráfico como siempre, solo ayudaba a aumentar a mis ansías mi madre había salido a penas unas cuatro horas a su trabajo, y ahora estaba debatiéndose entre la vida y la muerte. El transito avanzaba poco y el reloj marcaba ya cercanas las once del día, el conductor del combi traía la Z a todo volumen, en un corte informativo el locutor hablo sobre un accidente en la estación Reforma del metrobús, menciono que el accidente causado por el choque de un autobús con un auto que era manejado por un adolescente en estado de ebriedad que invadió el carril exclusivo, había cobrado ya 15 victimas mortales mientras otras 40 se definían entre la vida y la muerte, el adolescente ebrio había huido. La noticia me mato aun más, no podía dejar de imaginar el cuerpo frio de mi madre tendido sobre una vieja camilla de hospital cubierta con una sabana ensangrentada. El tráfico seguía sin avanzar, sin embargo los espectaculares que adornan el metro cuatro caminos ya me eran visibles.
Finalmente tras una hora treinta y cinco minutos llegue al metro, estaba deshecha y no paraba de llorar. Al bajar las escaleras me resbale con una que ya estaba deforme, caí y me lastima el colón, no sentí dolor alguno, me levante en cuanto pude y continúe mi camino. Cuando llego el tren no me percate y un señor me empujo al interior del vagón. No sentí el tiempo, ni se como llegue pero finalmente estaba ahí. Al entrar a la cruz roja de Polanco y pedir informes de la señora Catalina García me informaron que había fallecido hacia mas de tres horas.
domingo, 12 de julio de 2009
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pocos, muy pocos pueden sacar una reluciente y nueva crudeza a la fria y vieja que ya tiene la ciudad y se hace cotidiana e imperceptible, esto es de verdad, consistente y recio. ácido y sí, pasajero.
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